Dos días en Oviedo. Cinco empresas. Siete retos. Y una pregunta: ¿qué ocurre cuando el talento universitario trabaja sobre problemas que existen de verdad?

La pregunta no era cómo construir otra inteligencia artificial.
Era mucho más contundente: ¿cómo pueden utilizarla quienes trabajan con documentos que jamás deberían salir de su despacho, su institución o su administración?
Un equipo de cinco estudiantes respondió con una colmena.
La llamaron The Hive: una propuesta de inteligencia artificial local y ética para profesionales que necesitan consultar su propio conocimiento sin entregar información confidencial a terceros. Los documentos permanecen en el dispositivo. Las respuestas citan sus fuentes. Y, si el sistema no encuentra la información, lo reconoce.
La idea terminó ganando la Hackathon TalentUO 2026. Pero esa es solo la última escena.
Para entender por qué cinco estudiantes llegaron hasta allí hay que volver al principio: a una sala de la Escuela de Ingeniería Informática de la Universidad de Oviedo, siete retos todavía sin resolver y un reloj que no iba a detenerse.
Los días 15 y 16 de octubre de 2026 celebramos en Oviedo la quinta edición de la Hackathon TalentUO, una experiencia impulsada por la Fundación Banco Sabadell, la Universidad de Oviedo, la Asociación TFCoop y Solsticio.
Reunimos a 35 estudiantes en siete equipos de cinco personas. Frente a ellos había siete retos reales planteados por cinco empresas. Disponían de dos jornadas para comprender el problema, abrir posibilidades, elegir una dirección, construir una propuesta y defenderla ante un jurado.
No era una simulación académica. Las empresas estaban allí porque necesitaban nuevas respuestas.
Y los estudiantes no llegaron únicamente para competir. Llegaron para descubrir qué sucede cuando su forma de pensar entra en contacto con un problema que existe fuera del aula.
Las empresas participantes fueron Cuicui Studios, NTT DATA, Pragmatech AI Solutions, Universal Plastic y Empathy.AI.
Entre todas pusieron sobre la mesa retos relacionados con:
Eso explica por qué la solución no podía venir de una única disciplina. Un problema relacionado con salud puede necesitar software, diseño de experiencia, comunicación y conocimiento clínico. Un reto sobre contaminación marina puede exigir datos, tecnología, negocio y comprensión del territorio. Una propuesta de IA privada puede fracasar si solo resuelve la arquitectura técnica y olvida para quién existe.
En TalentUO no pedimos a los equipos que adivinen “la respuesta correcta”. Les pedimos que construyan una respuesta defendible: útil para una empresa, comprensible para sus usuarios y suficientemente concreta como para poder dar el siguiente paso.
Durante las dos jornadas, cada equipo atravesó cinco fases:
Parece una secuencia ordenada. Vivida desde dentro, no lo es.
Hay ideas que funcionan sobre el papel y se rompen al hablar con la empresa. Equipos que deben renunciar a la propuesta más llamativa porque no resuelve el problema de fondo. Decisiones técnicas que obligan a revisar el modelo de negocio. Presentaciones que cambian cuando faltan pocas horas.
Ahí está una parte esencial del aprendizaje: innovar no es tener una idea brillante; es saber escuchar, descartar, probar y tomar decisiones cuando todavía no existe una certeza completa.
Los equipos contaron durante el proceso con el acompañamiento de Raquel Bobes, Isabel Posada y Laura Suárez, mentoras de Banco Sabadell. Su papel no consistía en resolver el reto por los estudiantes, sino en hacer preguntas, detectar puntos ciegos y ayudarles a avanzar sin quitarles la responsabilidad sobre la propuesta.
La tecnología fue importante, pero no fue el punto de partida de todos los equipos.
Uno de los retos de Cuicui Studios, por ejemplo, dio lugar a Mi Pueblo, un videojuego cooperativo pensado para residencias y centros de día. La propuesta combinaba un entorno virtual inspirado en recuerdos y actividades cotidianas con mandos físicos sencillos y adaptados. Regar un jardín, despejar un camino nevado, pescar o responder preguntas sobre tradiciones asturianas se convertían en oportunidades para estimular la memoria, el movimiento y la participación.
Otro equipo desarrolló KUBI, una propuesta orientada a fomentar un uso más consciente de las pantallas: que la tecnología sirva para jugar, aprender y relacionarse, en lugar de convertirse en un fin en sí misma.
Pragmatech AI Solutions planteó un desafío de interoperabilidad en el sector sanitario y de escalado de productos digitales de salud. Universal Plastic acercó al alumnado a la economía azul y al valor de transformar datos dispersos en decisiones ambientales. NTT DATA llevó retos de transformación tecnológica. Empathy.AI puso sobre la mesa una pregunta que acabaría conduciendo al proyecto ganador: cómo utilizar conocimiento sensible mediante IA sin perder el control sobre los datos.
Cuando una empresa comparte un reto real, el aprendizaje deja de organizarse por asignaturas. Se organiza alrededor del problema.
El reto de Empathy.AI partía de una tecnología que ya existía: una estación de trabajo capaz de ejecutar modelos abiertos de inteligencia artificial de forma local y trabajar con las fuentes de conocimiento de una organización.
Por tanto, el equipo no podía limitarse a decir que la IA local era más privada. Tenía que encontrar a quién le resultaba verdaderamente imprescindible y construir alrededor de esa necesidad una propuesta completa.
Álvaro Yeguas, Hugo Quintana, Alex García, Darío Fernández y Héctor Gavilán eligieron a profesionales que trabajan bajo secreto profesional o con información especialmente sensible: despachos jurídicos, administraciones y organizaciones que no pueden enviar sus documentos a servicios externos sin asumir riesgos difíciles de justificar.
Así tomó forma The Hive.
La propuesta reúne tres decisiones potentes:
The Hive no ganó por utilizar más tecnología que los demás. Ganó porque el equipo convirtió una capacidad técnica en una respuesta clara para un usuario concreto, explicó el problema, diseñó la experiencia y defendió cómo podría crecer.
El jurado le concedió el premio grupal de 2.500 euros.
El reconocimiento individual fue para Álvaro Yeguas López, integrante del equipo ganador. Del 7 al 15 de diciembre de 2026 participará en una experiencia de inmersión en Boston vinculada a Richi Foundation, financiada por la Fundación Banco Sabadell y gestionada por la Fundación Universidad de Oviedo.
El premio está valorado en 9.000 euros, pero su valor no se agota en esa cifra. Significa entrar en contacto con un ecosistema internacional de innovación y emprendimiento, conocer otras formas de construir proyectos y ampliar una red profesional cuando la carrera todavía está empezando.
Ese viaje representa bien lo que buscamos con TalentUO: que una experiencia de dos días no quede encerrada en dos días.
TalentUO no es útil únicamente para los estudiantes.
Cuando una empresa formula un reto ante un equipo multidisciplinar tiene que explicar con claridad qué le preocupa, qué restricciones existen y qué cambiaría si encontrara una solución. Ese ejercicio ya obliga a mirar el problema de otra manera.
Después llegan preguntas que quizá el equipo interno no se había hecho. Combinaciones inesperadas entre disciplinas. Ideas que no estaban condicionadas por “cómo se ha hecho siempre”. Prototipos que permiten discutir algo concreto en lugar de hablar en abstracto.
No todas las propuestas se convertirán en un producto. No necesitan hacerlo para generar valor. Algunas abren una línea de trabajo. Otras revelan que el problema estaba mal formulado. Otras permiten conocer talento antes de que aparezca un proceso de selección.
Por eso la colaboración entre universidad y empresa funciona mejor cuando no se limita a una charla o a colocar un logotipo en un evento. Funciona cuando ambas partes trabajan sobre algo que importa.
En una hackathon se habla mucho de creatividad, pensamiento crítico, comunicación o trabajo en equipo. Son expresiones que pueden sonar abstractas hasta que un equipo tiene que utilizarlas de verdad.
La creatividad aparece cuando la primera solución no sirve.
El pensamiento crítico, cuando hay que decidir qué supuesto puede sostenerse y cuál no.
La comunicación, cuando quedan cinco minutos para convencer a un jurado que no ha vivido las últimas veinte horas de trabajo.
Y el trabajo en equipo, cuando distintas personas deben discrepar sin detener el proyecto.
Como explicó Blanca Travesí, nuestra cofundadora de Solsticio y coordinadora del encuentro, este tipo de experiencias son imprescindibles para trabajar las habilidades que no se desarrollan escuchando una clase. Hay que ponerlas en juego.
La primera Hackathon TalentUO reunió a otros estudiantes, otras empresas y otros retos. Cinco ediciones después, casi todo ha cambiado salvo lo esencial: las ganas de resolver, la intensidad de trabajar con personas que piensan distinto y la posibilidad de descubrir una capacidad propia que todavía no había encontrado contexto.
El evento terminó el 16 de octubre. La experiencia no.
Continúa en el equipo que sigue hablando de su idea. En la empresa que decide explorar una propuesta. En quien viaja a Boston y vuelve con nuevas preguntas. En quienes incorporan a su currículo algo más valioso que una línea: una historia concreta sobre cómo investigaron, decidieron, construyeron y defendieron una solución.
En Solsticio trabajamos para que el talento universitario no tenga que esperar a terminar la carrera para enfrentarse a problemas reales. Lo hacemos mediante hackathons, programas de innovación y proyectos de TFG y TFM con empresas y organizaciones.
Porque un reto puede resolverse en dos días, pero el camino que abre puede durar mucho más.
Fue la quinta edición de una experiencia intensiva de innovación celebrada los días 15 y 16 de octubre de 2026 en la Escuela de Ingeniería Informática de la Universidad de Oviedo. Siete equipos de estudiantes trabajaron sobre siete retos reales planteados por cinco empresas.
La edición fue impulsada por la Fundación Banco Sabadell y la Universidad de Oviedo, coordinada por la Asociación TFCoop y desarrollada en colaboración con Solsticio dentro de la iniciativa TalentUO.
Participaron Cuicui Studios, NTT DATA, Pragmatech AI Solutions, Universal Plastic y Empathy.AI, con retos relacionados con educación, salud, movilidad, turismo, economía azul, sostenibilidad e inteligencia artificial responsable.
El equipo ganador desarrolló The Hive, una propuesta de inteligencia artificial local y ética para profesionales y organizaciones que necesitan trabajar con documentación sensible sin entregarla a servicios externos.
El equipo estuvo formado por Álvaro Yeguas, Hugo Quintana, Alex García, Darío Fernández y Héctor Gavilán. Recibieron un premio grupal de 2.500 euros.
Álvaro Yeguas López recibió el premio individual: una experiencia de inmersión en Boston vinculada a Richi Foundation, valorada en 9.000 euros y prevista del 7 al 15 de diciembre de 2026.
Puedes seguir las próximas convocatorias de Solsticio y TalentUO y consultar los proyectos disponibles de TFG y TFM con empresas. Completa tu perfil para que podamos recomendarte oportunidades relacionadas con tus estudios e intereses.
Las empresas pueden proponer retos, acompañar a los equipos y explorar soluciones con talento universitario. Las universidades pueden integrar estas experiencias en sus iniciativas de empleabilidad, innovación y transferencia. Para valorar una colaboración, contacta con el equipo de Solsticio.